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El ajolote mexicano, mucho más que una cara bonita

Isabel Ruelas-Galindo y Constance Auvynet


Si existiera un animal capaz de desafiar a la muerte, cambiar de forma y mantenerse joven toda su vida, probablemente pensaríamos en una criatura de fantasía. Pero este ser existe en México y se llama ajolote. Actualmente se ha vuelto un símbolo de la cultura mexicana y su imagen aparece en logotipos de instituciones, en el billete de 50 pesos y ha inspirado cuentos, poemas y memes (Figura 1). A pesar de su popularidad, el ajolote enfrenta una situación crítica: es una especie en grave peligro de extinción y su población disminuye de manera alarmante. Conocerlo no sólo resulta fascinante, sino también fundamental para comprender por qué es un tesoro biológico.

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Figura 1. Empatía. Autora: Rosa Galindo. Oleo/Tela. Cortesía de la artista

La palabra “ajolote” viene del náhuatl axolotl, que significa “monstruo de agua”. Para los mexicas, representaba a Xólotl, el hermano gemelo de Quetzalcóatl. Según la leyenda, cuando los dioses debían sacrificarse para dar movimiento al Sol, Xólotl huyó de la muerte transformándose varias veces hasta esconderse en el agua, donde finalmente se convirtió en ajolote (Figura 2). A lo largo de la historia de México, el ajolote fue alimento para sus habitantes en la época prehispánica y también formó parte de la medicina tradicional. Además, ha sido inspiración literaria en obras como Axolotl de Julio Cortázar y El reposo del fuego de José Emilio Pacheco.

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Figura 2. Representación prehispánica del “monstruo de agua” (Foto: Ecoosfera).

El ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum) es un anfibio único porque nunca completa su metamorfosis: alcanza la vida adulta manteniendo rasgos larvarios como las branquias externas, la cola con aleta y una vida totalmente acuática, un fenómeno llamado neotenia. En la naturaleza los ajolotes son de color negro o marrón moteado, pero en cautiverio existen variedades albinas y rosadas (Figura 3).

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Figura 3. Variantes de color del ajolote mexicano (Foto de Micha / Adobe Stock ID:552623663).

De las 33 especies del género Ambystoma en Norteamérica, 17 viven en México y 16 de estas son endémicas, es decir, no se encuentran de manera silvestre en ningún otro lugar del mundo. El ajolote habitaba la antigua zona lacustre del Valle de México. Hoy su presencia silvestre se limita prácticamente a Xochimilco, un humedal con una red de canales y chinampas (un sistema agrícola tradicional) (Figura 4). En las últimas décadas su población ha caído de manera alarmante: de unos 6 000 individuos por km² en 1998 a apenas 36 por km² en 2014, motivo por el cual la NOM-059-SEMARNAT-2010 considera a esta especie en peligro de extinción. El censo más reciente, realizado por la UNAM en 2025, busca actualizar su situación tras casi una década sin datos poblacionales.

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Figura 4. Chinampa de Xochimilco (Foto: SEDENA).

Las causas principales que están provocando la desaparición del ajolote incluyen la urbanización, la contaminación, la pérdida de su hábitat y la introducción de especies invasoras al lago de Xochimilco, como la carpa y tilapia. A ello se suman enfermedades emergentes como la quitridiomicosis, causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), que daña la piel de los anfibios [1]. En cautiverio, la prevalencia de esta enfermedad es alta (75–85%), pero en vida silvestre parece existir mayor tolerancia, quizá mediada por su microbioma [2].

Aunque Xochimilco es Patrimonio de la Humanidad y área natural protegida, el ecosistema sigue en crisis. Para restaurarlo, el Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM y el Plan Estratégico de la Zona Chinampera impulsan acciones como la introducción de biofiltros y de nuevas colonias de ajolotes, la creación de chinampas-refugio y el lanzamiento de campañas como AdoptAxolotl [3]. En 2023, diversas instituciones —entre ellas la Secretaría del Medio Ambiente, la alcaldía de Xochimilco, el Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC) y la Universidad Autónoma de Metropolitana (UAM)— reforzaron esfuerzos para proteger al ajolote y su hábitat, con el objetivo de asegurar la conservación de Xochimilco a largo plazo.

El superpoder del ajolote: regenerar su cuerpo

La ciencia ha mostrado gran interés en el ajolote por su extraordinaria capacidad para regenerar tejidos y órganos completos —como extremidades, corazón, ojos y sistema nervioso— sin dejar cicatrices. Esta habilidad está relacionada con su notable resistencia al envejecimiento, ya que presenta muy pocas células senescentes (es decir, células envejecidas). ¡En otras palabras, se mantiene prácticamente joven durante toda su vida!

Además, su fácil reproducción —que permite obtener suficientes individuos para la investigación— y su resistencia a las condiciones de laboratorio lo convierten en un excelente modelo animal para estudiar procesos como el envejecimiento y la regeneración.

En endocrinología, el ajolote fue un elemento clave para el descubrimiento de las hormonas tiroideas en 1920 y también ha sido fundamental en el estudio del desarrollo embrionario, ya que produce muchos huevos (de 100 a 600) y de gran tamaño, por lo que los embriones son fáciles de observar. En investigación del cáncer, esta especie destaca porque rara vez desarrolla tumores y resiste la exposición a sustancias carcinógenas [4]; además, extractos de óvulos y piel han mostrado efectos contra células de cáncer de mama y leucemia mieloide aguda, un tipo de cáncer de la médula ósea y la sangre.

En 2018, se secuenció su genoma ¡que resultó ser diez veces más grande que el genoma humano! Este descubrimiento abrió nuevas oportunidades en genética [5]. Además, plataformas como Sal-Site del Ambystoma Genetic Stock Center (AGSC) permiten acceder a información detallada sobre Ambystoma y facilitan la distribución de embriones, larvas y adultos para investigación y educación.

Su piel: un laboratorio natural

Como todos los anfibios, el ajolote posee glándulas en la piel y una red de vasos sanguíneos que le permiten regular su temperatura, controlar la entrada y salida de sustancias y defenderse de depredadores y de microorganismos patógenos que existen en sus ecosistemas. Para ello utiliza un arsenal de moléculas, entre ellas péptidos (pequeñas moléculas formadas por aminoácidos) y toxinas. La mayoría de estos compuestos actúan como péptidos de defensa con actividades antimicrobianas e inmunomoduladoras, aunque también se han encontrado funciones hormonales, neurotransmisoras e incluso anticancerígenas. A pesar de que en la piel de anfibios —principalmente ranas— [6; 7] se han identificado más de mil péptidos, en salamandras su estudio ha sido mucho más limitado.

A partir de las secreciones de la piel del ajolote mexicano, los científicos han identificado 22 péptidos, tres de ellos presentaron actividad anticancerígena en un modelo celular de cáncer de mama y cuatro han mostrado actividad antibacteriana contra Staphylococcus aureus. Esta bacteria suele vivir de manera inofensiva en el cuerpo humano (por eso se le llama comensal), pero en ciertas condiciones puede volverse patógena y causar infecciones. Además, tiene la capacidad de desarrollar resistencia a los antibióticos. Por esta razón, el estudio de los péptidos de defensa ha cobrado gran importancia. Muchos de estos compuestos han mostrado ser efectivos para combatir bacterias sin favorecer la aparición de resistencia, lo que los convierte en una prometedora alternativa para el desarrollo de nuevos tratamientos antimicrobianos [8].

Otro péptido, denominado AXOTL-13, fue identificado mediante análisis del transcriptoma (técnica que permite identificar todos los genes que se están expresando —produciendo— en una célula en un momento específico, a partir del análisis del ARN [9,10]) usando herramientas computacionales (como Inteligencia Artificial). Este péptido logró inhibir el crecimiento de la bacteria Escherichia coli sin provocar la destrucción de los glóbulos rojos, un criterio que resulta esencial para avanzar de estudios in vitro a pruebas preclínicas en modelos animales.

Aunque ya se investiga el potencial de los péptidos de defensa del ajolote mexicano, aún queda mucho por descubrir. En colaboración con los grupos del Dr. Víctor Bustamante (IBt, UNAM) y la Dra. Eria Rebollar (CCG, UNAM), hemos iniciado la identificación y caracterización de estas moléculas, con el objetivo de descubrir nuevas propiedades antimicrobianas, inmunomoduladoras y anticancerígenas. Para ello, trabajamos con ajolotes en cautiverio y obtenemos péptidos directamente de su piel mediante un masaje suave. Durante este proceso, el animal se coloca en una bolsa con una pequeña cantidad de agua (figura 5); después, esta agua se recupera y se procesa para purificar los péptidos. Una vez aislados, se analizan para conocer su secuencia de aminoácidos, lo que permite producirlos de forma artificial mediante síntesis química. Una de las principales ventajas de este método es que no causa daño ni requiere sacrificar al animal, por lo que se trata de una estrategia ética y respetuosa con la especie.

Otra estrategia consiste en buscar péptidos “escondidos” dentro de las proteínas del organismo. Estas proteínas forman el proteoma, es decir, el conjunto de todas las proteínas que una célula o tejido producen en condiciones específicas y en un momento determinado. Algunos fragmentos de estas proteínas pueden funcionar como péptidos que tienen una actividad biológica; a estos se les conoce como péptidos encriptados. Una vez que se identifica su secuencia, es posible producirlos de manera artificial en el laboratorio para estudiarlos.

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Figura 5. Obtención de secreciones de la piel del ajolote mexicano mediante un suave masaje mientras se encuentra en una bolsa, sin causarle daño ni necesidad de sacrificarlo (Foto de las autoras).

Además de producir sus propios péptidos de defensa, los anfibios también se protegen gracias a los microorganismos que viven en su piel, conocidos como microbioma. Estos microbios pueden ayudar a defender al organismo contra enfermedades. Para estudiarlos, los científicos toman muestras de la piel usando hisopos en distintas especies de Ambystoma. Con estas muestras es posible analizar el material genético de todos los microorganismos presentes, lo que se conoce como metagenoma [11]. Esto permite entender cómo estos microbios interactúan con el organismo y cómo pueden influir en la aparición de enfermedades. Aunque los péptidos de la piel del ajolote y de otros anfibios pueden servir como inspiración para desarrollar nuevos tratamientos contra infecciones o enfermedades crónico-inflamatorias, su estudio también es fundamental para comprender cómo este animal resiste y tolera al hongo Bd, un patógeno que no sólo amenaza al ajolote en cautiverio, sino a todos los anfibios a nivel mundial.

Un símbolo mexicano que debemos cuidar

El ajolote mexicano no sólo destaca por su biología extraordinaria, sino también por su profundo valor cultural. Su imagen en el billete de 50 pesos, premiado como el “billete más bonito del mundo” en 2021 y 2022 (figura 6), y su característica “sonrisa” lo han convertido en un ícono internacional. Proteger al ajolote significa preservar una parte esencial de historia, cultura y biodiversidad, además de asegurarnos que podamos seguir estudiándolo para impulsar avances médicos y descubrir el enorme potencial de este enigmático y encantador animal mexicano.

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Figura 6. Billete de 50 pesos mexicanos del ajolote (Foto: Numista).

Referencias

  1. Enciso, M. (2024). Afecta hongo diversidad de anfibios en el mundo. Noticias Instituto de Fisiología Celular. https://www.ifc.unam.mx/noticia.php?id=7607
  2. Rebollar Caudillo, E. A. (2022). Los ajolotes y su microbioma ante enfermedades letales emergentes. Ciencias y Humanidades, 2 (Número especial: Ciencia de Frontera), 18-21. https://conahcyt.repositorioinstitucional.mx/jspui/bitstream/1000/39/1/02Cienciasy_Humanidades.pdf
  3. Laboratorio de Restauración Ecológica (UNAM). (s.f.). Restauración ecológica. https://www.restauracionecologica.org/
  4. Olguín Lacunza, M. y Rojas García, D. (2019). Estudio del genoma del ajolote ayudará en la lucha contra el cáncer. Gaceta UNAM. https://www.gaceta.unam.mx/estudio-del-genoma-del-ajolote-ayudara-en-la-lucha-contra-el-cancer/
  5. Bakala, N. (2018). El ajolote tiene el mayor genoma del mundo y da una pista sobre sus cualidades regenerativas. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2018/02/01/espanol/ajolote-genoma-regeneracion.html?ref=en-US
  6. Rosenstein, Y. y Auvynet, C. (2022). Las ranas: de la medicina tradicional a nuevos fármacos. Biotecnología en Movimiento. https://biotecmov.ibt.unam.mx/numeros/31/3.html
  7. García, A. y Calderón, J. (2025). La aldea perdida y la rana curativa. Biotecnología en Movimiento. https://biotecmov.ibt.unam.mx/numeros/41/3.html
  8. Corzo, G., Arenas, I., Corrales, L., Ibarra, M., Callejas, A., Santana, F., Rodríguez, A. Villegas, E. (2019). Péptidos antimicrobianos, una alternativa al uso de antibióticos convencionales. Biotecnología en Movimiento. https://biotecmov.ibt.unam.mx/services/pdfDownloader.php?id=MTgqKl8qKjQ=
  9. Chávez, J. (2025). Atlas transcriptómicos, dónde y cuándo se expresan los genes en los organismos. Biotecnología en Movimiento. 40(4). https://biotecmov.ibt.unam.mx/numeros/40/4.html
  10. Vences, A. y Rodríguez, C. (2025). El recetario de las plantas: cómo buscamos genes a través de su parentesco. Biotecnología en Movimiento. 42(2). https://biotecmov.ibt.unam.mx/numeros/42/2.html
  11. Ávila Casanueva, A. B. (2021). Los habitantes de los ajolotes. Revista de la Universidad de México. https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/96da4834-c32e-4966-a388-80447dbf3a01/los-habitantes-de-los-ajolotes


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Acerca de los autores

La Dra. Isabel Ruelas-Galindo es egresada de la Licenciatura de Biología de la Facultad de Ciencias de la UNAM, cuenta con un doctorado en el Programa de Doctorado en Ciencias Biomédicas (UNAM) y realizó un posdoctorado en el Instituto de Biotecnología (UNAM), donde estudió los efectos inmunomoduladores de péptidos de defensa aislados del ajolote mexicano. La Dra. Constance Auvynet es Investigadora Titular A del departamento de Inmunología del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM. Su trabajo se centra en identificar y caracterizar in vitro e in vivo péptidos aislados de anfibios endémicos de México con actividad antimicrobiana e inmunomoduladora para su uso como tratamientos en enfermedades inflamatorias.

Contacto: iruelasg@iibiomedicas.unam.mx; constance.auvynet@iibiomedicas.unam.mx

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