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Pseudomonas putida: la bacteria que desayuna, come y cena contaminantes

José Utrilla Carreri


Pseudomonas putida es una bacteria que vive en la tierra que pisas, especialmente alrededor de las raíces de las plantas, donde actúa como una especie de guardaespaldas microbiano. Repele hongos patógenos, ayuda a la planta a absorber nutrientes y, de paso, descompone compuestos orgánicos que serían tóxicos para casi cualquier otro organismo. Todo en un día de trabajo.

Su nombre ya es una advertencia: putida viene del latín putidus, que significa "maloliente" o "podrido". Y sí, cuando se cultiva en el laboratorio, el olor que desprende no es precisamente agradable. Fue el bacteriólogo italiano Vittore Trevisan quien la describió por primera vez en 1889. Años después, en 1895, Walter Migula la reclasificó dentro del género Pseudomonas, y así quedó bautizada para siempre con ese nombre tan poco halagador. Pero quien se quede solo con eso se pierde lo mejor de la historia.

Este discreto, pero genial microorganismo, lleva millones de años perfeccionando el arte de comer contaminantes. Puede comer combustibles como gasolina, solventes químicos como el tolueno, y otros hidrocarburos tóxicos como el naftaleno o el ácido metilbenzoico… sin inmutarse. La cepa más estudiada hoy, KT2440, fue aislada en 1960 de un suelo japonés porque tenía un talento particular: degradar el ácido metilbenzoico, un compuesto que para la mayoría de los organismos es veneno puro.

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Figura 1. Pseudomonas putida degradando una gota de petróleo (imagen generada con Canva).

Lo que hace verdaderamente peculiar a P. putida es su tolerancia a los solventes. Mientras que otros microorganismos usados en el laboratorio y en la industria mueren en cuanto detectan concentraciones pequeñas de compuestos orgánicos disueltos, P. putida los bombea activamente hacia afuera de su membrana —como si estuviera vaciando agua de un barco que se inunda—. Este truco la convierte en candidata ideal para limpiar áreas contaminadas por derrames industriales, y su potencial fue reconocido tan pronto que, en 1981, las cepas diseñadas para devorar petróleo se convirtieron en el primer organismo modificado genéticamente en recibir una patente en Estados Unidos. La biología ya había entrado en los tribunales.

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Figura 2. Pseudomonas putida degradando anillos aromáticos, produciendo compuestos de utilidad como el nylon (imagen generada con Gemini AI).

Pero ahí no acaba la historia. Los biotecnólogos han descubierto que esta misma extraordinaria robustez ante los solventes, hace de P. putida una plataforma excelente para fabricar cosas útiles como bioplásticos y compuestos farmacéuticos. Algunas cepas digieren estireno (el componente del unicel) y con lo que extraen producen, ¡nada menos que un bioplástico biodegradable! Otras convierten los residuos leñosos de las plantas en Nylon, mediante una cadena de reacciones que habría parecido ciencia ficción hace veinte años. En lugar de reactores llenos de químicos agresivos y derivados del petróleo, imagina tanques con bacterias incansables, trabajando en turnos de 24 horas, convirtiendo desechos en productos formidables.

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Figura 3. Pseudomonas putida consumiendo una variedad de compuestos contaminantes provenientes del petróleo, generando productos de interés como bioplásticos (PHA) o Ramnolípidos (imagen generada con Gemini AI).

Pseudomonas putida no es glamorosa ni sale en los titulares de los periódicos, pero en un mundo que necesita urgentemente soluciones para la contaminación y la producción sostenible, esta humilde (por así decirlo) bacteria del suelo —maloliente, discreta, incansable— puede ser una de las mejores aliadas que tenemos. Y todo sin pedir nada a cambio, excepto un poco de tolueno para desayunar.



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Acerca de los autores

El Dr. José Utrilla Carreri es Investigador Titular B y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel II), en el Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM y responsable del programa de Biología Sintética. Ha desarrollado métodos para la ingeniería de cepas microbianas productoras, que han sido patentados y también publicados en revistas de alto impacto. Su investigación consiste en entender cómo los cambios en los genes se relacionan con las características que observamos en los seres vivos. Para ello, combina herramientas de genómica funcional y modelos computacionales que permiten analizar y predecir estas relaciones. Aplica estos conocimientos al desarrollo de estrategias de ingeniería celular para optimizar la producción de proteínas y metabolitos de interés biotecnológico.

Contacto: utrilla@ccg.unam.mx

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