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Biotecnología en Movimiento · Año 11 · Número 43.
Publicado el 30 de enero del 2026.

Biotecnología para un mundo sostenible

Enero, Febrero y Marzo de 2026



¡Te damos la bienvenida al número 44 de Biotecnología en Movimiento! En esta edición reunimos historias sorprendentes que esperamos disfrutes.

Y es que, ¿a quién no le gustan los ajolotes? Estos anfibios, que además de tiernos, son un sistema biológico extraordinario. La ciencia ha puesto gran interés en ellos por su asombrosa capacidad para regenerar tejidos y órganos completos —como extremidades, corazón, ojos y sistema nervioso— sin dejar cicatrices. Esta habilidad está relacionada con su notable resistencia al envejecimiento, ya que presenta muy pocas células senescentes (es decir, células envejecidas). En otras palabras, ¡se mantiene prácticamente joven durante toda su vida!

El ajolote posee glándulas en la piel que secretan sustancias que le permiten defenderse de depredadores. En el IBt se ha iniciado la identificación y caracterización de estas moléculas, con el objetivo de descubrir nuevas propiedades antimicrobianas, inmunomoduladoras y anticancerígenas. Proteger al ajolote significa preservar una parte esencial de historia, cultura y biodiversidad, además de asegurarnos que podamos seguir estudiándolo para impulsar avances médicos y descubrir el enorme potencial de este enigmático y encantador animal mexicano.

Este tipo de historias nos recuerda que la biotecnología está en todas partes. En este número, los editores presentamos “Biotecnología: ¿y eso a mí qué?”, un texto —mitad ficción, mitad realidad— inspirado en nuestras experiencias con lectores de Biotecnología en Movimiento (o BiotecMov, como le decimos de cariño). Esta revista es tuya y busca llegar, sobre todo, a personas no expertas, para quienes incluso el término biotecnología puede sonar extraño. Pensamos en nuestros todavía-no-lectores, —especialmente estudiantes y profesores de nivel preuniversitario— y en la oportunidad de compartirles ideas fundamentales, como el papel del ADN en los seres vivos o las historias de figuras clave como Mendel, Pasteur, Fleming, Crick y Watson. Confiamos en que, si logramos circularla entre estudiantes, sus profesores, nuestros vecinos, amigos y familiares —más allá de quienes ya forman parte de la comunidad biotecnológica—, la revista estará cumpliendo su propósito.

Siguiendo esta invitación a mirar de cerca cómo la biotecnología explica y transforma lo que nos rodea, les compartimos una historia digna de Agatha Christie. El microrganismo que causa la tuberculosis convierte, nada menos que a nuestras propias células defensoras, en cómplices para su supervivencia. Esta bacteria se refugia dentro de células encargadas de ingerir y destruir patógenos, y altera las señales inflamatorias (esos mensajes que las células envían cuando hay una infección), debilitando así nuestras defensas. En este duelo microscópico lleno de estrategia, ¿ganará nuestro cuerpo o la infección?

En esa misma línea, donde la biotecnología no solo revela los secretos de la naturaleza, sino que también transforma conocimiento en herramientas útiles, el siguiente artículo nos plantea cómo es que nuestras ideas, proyectos e incluso un logo pueden convertirse en parte de nuestro patrimonio y por qué es importante registrarlos para protegerlos. A partir de ello, se narra cómo la UNAM, y en particular el Instituto de Biotecnología (IBt), han construido un puente entre la ciencia y la sociedad, llevando la innovación más allá del laboratorio para generar un impacto tangible.

Y si hablamos de cómo una idea puede transformarse en algo con impacto real, la siguiente historia lo ilustra desde su origen más simple: una caja de Petri (recipiente con una especie de gelatina, muy usado en laboratorios de microbiología y biotecnología para cultivar microorganismos), un experimento sencillo y la curiosidad de una niña de una escuela primaria de Cuernavaca. Años después, esa misma niña se convertiría en biotecnóloga e investigadora en el Reino Unido. Este artículo recorre su camino, desde aquel primer encuentro con el mundo microscópico hasta su trabajo actual, mostrando cómo una experiencia temprana puede despertar vocaciones científicas y transformar la manera de entender el mundo.

Detrás de trayectorias como esta hay un motor común: la curiosidad que impulsa a hacer preguntas y a compartir el conocimiento. La ciencia la hacen mujeres y hombres que no solo investigan, sino que también inspiran a nuevas generaciones a ir más lejos. Algunos, además, dejan una huella profunda como personas extraordinarias en el sentido más amplio de la palabra. Es el caso de la historia del Dr. Federico Sánchez, querido investigador del IBt, docente comprometido y entusiasta cultivador de orquídeas. En este artículo conocerán la historia de un científico que dedicó buena parte de su vida a descifrar la relación —casi una historia de amor— entre una bacteria y la raíz de una planta.

Esa misma curiosidad, cuando se suma y se comparte, también ha dado lugar a historias colectivas que transforman el mundo. Algunas personas ubican a Alexander Fleming como el descubridor de la penicilina, el primer antibiótico de uso masivo que fue clave al final de la Segunda Guerra Mundial para salvar millones de vidas, en un contexto donde las infecciones causaban más muertes que las balas. Sin embargo, esta historia rara vez hace justicia a todos sus protagonistas. Fleming identificó el hongo en una caja de Petri (la misma que usó la niña de primaria), pero fueron otras personas quienes hicieron posible su producción a gran escala —a quienes invitamos a conocer, como acto de justicia histórica—, desde los científicos que aislaron cepas más productivas, los expertos que estabilizaron la molécula, hasta los ingenieros y empresas que desarrollaron su cultivo en grandes fermentadores. Una colaboración extraordinaria que sigue salvando vidas hasta la actualidad.

Hoy, ese mismo impulso colectivo se refleja en el trabajo del IBt. Sus investigadores, además de publicar en revistas internacionales y formar estudiantes de posgrado, también transforman su conocimiento en innovaciones protegidas. En este número conocerás cuatro patentes que se le han otorgado recientemente al IBt-UNAM: plásticos biodegradables, procesos para producir moléculas clave de varias aplicaciones en la industria como el piruvato y el ácido succínico, y antibióticos derivados del veneno de alacrán. A través de estas historias, descubrirán cómo la investigación se convierte en soluciones con impacto real y qué implica protegerlas mediante patentes y sus “familias”.

Y así como la biotecnología transforma ideas en soluciones, también puede ayudarnos a enfrentar desafíos cotidianos como el uso del agua. En México, una persona consume en promedio cerca de 360 litros de agua al día, de los cuales, solo la mitad se trata adecuadamente. Frente a este panorama, los humedales artificiales surgen como una alternativa sustentable inspirada en la naturaleza —como los ecosistemas donde viven los ajolotes—, en la que plantas y microorganismos trabajan en conjunto para eliminar contaminantes y transformar el agua en un recurso reutilizable. Comprender cómo interactúan sus componentes vivos y no vivos permite valorar su eficacia y reconocer que la propia naturaleza puede guiarnos hacia soluciones sostenibles para uno de los mayores retos ambientales: el cuidado y la reutilización del agua.

Finalmente, en este número incluimos un artículo que parece de ciencia ficción. ¿Cómo es posible que un evento estresante, deje “marcas” en nuestro genoma —el conjunto de genes que tenemos— sin alterar la secuencia de ADN, e incluso que estas puedan transmitirse entre generaciones? A partir de esta intrigante pregunta, las autoras nos explican con ejemplos claros y analogías accesibles, cómo estas huellas pueden impactar la resiliencia y la salud mental.

Este es un número de Biotecnología en Movimiento que da cuenta de lo amplia que es la biotecnología, con ejemplos en diversas disciplinas, pero que en todas ellas se cuentan historias interesantes, divertidas en ocasiones y sin duda, que promueven la curiosidad, el motor más importante del desarrollo humano.

Invitamos a todas y todos los biotecnólogos que leen esta revista a compartirla más allá de su círculo cercano y acercarla a nuevos públicos: escuelas, colegios y la sociedad en general. La biotecnología tiene un valor enorme, y vale la pena que llegue a muchas más personas, no solo a quienes la estudian.

Como siempre, nos gustaría leerte. Escríbenos a: biotecmov@ibt.unam.mx

Enrique Galindo y Mónica Pineda

Editores

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